El traje femenino aragonés es una explosión de tradición, color y personalidad. Cada una de sus piezas cuenta una historia y refleja el carácter alegre y fuerte de las mujeres de Aragón.
La protagonista es la falda amplia, pensada para moverse con soltura al ritmo de la jota, acompañada de un delantal que, además de práctico, se convierte en un auténtico adorno cuando se luce bordado o de telas vistosas. El justillo, ajustado al cuerpo, realza la figura y suele estar decorado con detalles que muestran el gusto y la dedicación artesanal de quien lo llevaba.
La camisa blanca, sencilla pero elegante, aporta luz al conjunto, mientras que el mantón o mantilla añade un toque de distinción y abrigo, envolviendo a la mujer con gracia. Como broche final, las pequeñas joyas dan personalidad al traje y recuerdan la importancia de los detalles.
Las enaguas interiores son una de las piezas más importantes —aunque menos visibles— del traje femenino aragonés. Se llevaban bajo la falda y eran las encargadas de darle volumen, movimiento y elegancia al conjunto.
Tradicionalmente confeccionadas en algodón o lino, solían ser de color blanco y estaban adornadas con puntillas, vainicas o pequeños bordados que asomaban ligeramente al bailar, aportando un toque coqueto y delicado. Cuantas más enaguas se llevaban, más vuelo tenía la falda y más lucido resultaba el baile de la jota.
Más que una vestimenta, el traje femenino aragonés es una forma de expresar tradición, orgullo y alegría.
Los pololos forman parte de la ropa interior tradicional del traje femenino aragonés y combinan comodidad, pudor y funcionalidad. Se llevaban bajo las enaguas y la falda, aportando libertad de movimiento y protección durante el trabajo diario y el baile.
Normalmente confeccionados en algodón blanco, los pololos se caracterizan por sus piernas amplias, que permitían moverse con soltura, y por estar adornados en la parte inferior con encajes, puntillas o bordados sencillos, demostrando que incluso las prendas más ocultas cuidaban el detalle.
Aunque no siempre visibles, los pololos eran esenciales para completar el traje y reflejan la importancia de la ropa práctica pero bien hecha, tan propia de la tradición aragonesa. Una prenda humilde que sostiene, desde dentro, la elegancia del conjunto
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